martes, octubre 17, 2006

Lucha interna

¿has pensado luchar contra el silencio? me preguntaba recostada en mi habitación. Claro que no, o no estaría aquí mirando el techo. ¿Has pensado luchar contra el viento? volvía a preguntar mi mente inquieta. Pues la verdad no, cuando lo siento abro mis alas y me dejo llevar. ¿Y has luchado contra el tiempo? Sí, cada vez que recuerdo algo hermoso y quiero volver a él, y cada vez que algo feo me acontece, corro, y me adelanto al tiempo, dejando eso atrás, pero el tiempo siempre te alcanza, aunque corras con todas tus fuerzas... Que yo luche contra el tiempo no significa que le gane, de hecho es él el que siempre truinfa. Pero el pasado ya pasó y no puedo cambiarlo, y en el futuro el tiempo dirá... todo está en sus manos... ¿Y te atreverías a luchar contra el destino? Pues claro!, si mi vida está en mis manos, el tiempo es sólo quien me acerca a ella... pero en algo si puedo ganarle al destino y al tiempo, ambos son efímero, cuando digo ahora ya no lo es, y cuando digo presente eso ya es pasado, el problema del tiempo es que tantos lo han desafiado que él decidió apurarse, para que nadie fuera capáz de apresarlo en manecillas ni fotografías, el tiempo comenzó a correr, lanzándonos nuestro futuro en la cara, pero a veces pasa tan rápido que cuando nos detenemos a pensarlo y es demasiado tarde como para poder actuar...
Rayos!!! ya son las 7:40 debo correr al colegio, y luchar contra el ruido, la gente y mi deseo de desafiar al tiempo, es por eso que no te detienes, para que ni siquiera dudemos en desafiarte, he descubierto tu secreto.

jueves, setiembre 28, 2006

El maravilloso mundo de las maravillas

I
Puede parecer extraño, pero creo que no soy de aquí. Siento que soy un personaje de un cuento o una novela y que alguien ha querido y me ha puesto aquí. No me atrevería a decir que mi autor me jugó una broma y me sacó de mi historia, pues ni siquiera estoy seguro de ser un personaje, pero de que me siento ajeno a mi vida, me siento ajeno a ella.
Un día hablé de esto con Jorge, mi "mejor amigo". Me envió al psicólogo. Y yo, impulsado por lo que llamaría "el deseo de mi escritor" fui al famoso psicólogo. Dijo que estaba alienado, que le pasaba a mucha gente de mi edad y me recomendó tomarme un tiempo para relajarme, que lo que tenía era el típico estrés. Pamplinas! si estuviera estresado pertenecería a este mundo, y estoy casi convencido de que no pertenezco a él.
Un día tuve un sueño en el que me veía volando por sobre la ciudad, sin alas ni aviones, mi cuerpo flotaba como por arte de magia. Cuando desperté estaba en el balcón de mi departamento a punto de saltar, pero como si una mano me sostuviera, mi cuerpo se alejó del peligro. Y así quieren que no dude de mi origen...
Como nadie me apoyaba, comprendí que lo mejor era emprender este viaje yo sólo, y, así como Don Quijote, emprendí mi travesía por mis pensamientos locos. Eso! quizás soy don Quijote! o una versión de él!, pero no tengo caballo, ni dulcinea ni un escudero... no, no soy don Quijote, ¡Ni siquiera tengo bigote!
Así comencé a investigar, primero en mí mismo, y descubrí muchas cosas: No sé quien soy, a dónde voy, ni cual es mi misión en esta vida.
Quizás y en realidad ni siquiera existo!, finalmente qué mas son la existencia y la vida que pensamientos que nacen y mueren? Ahí está! soy un filósofo! quizás no de los grandes como Sócrates, pero filosofeo; él decía "sólo sé que nada sé", y yo sé que no soy, con eso ya le gano.
II
Son las seis de la tarde y vengo de ir a trabajar. La gente en el banco es muy cómica, es irónico, pero los veo a todos, y a cada uno de ellos como un personaje de una historia que alguien decidió escribir, sus palabras suenan sobreactuadas a mis oídos, y cada día parece más una presentación teatral. Si lo que se suponía real lo veo así, debería ir a dar una vuelta al teatro, quizá ahí encuentre lo que ando buscando.
Entre la gente del público sigo viendo marionetas, pero al fin se abre el telón. Salen los actores, pero no son actores, son personas, son normales, no son sólo personajes, puedo ver en ellos lo que nunca pude ver en mí. ¿Qué está ocurriendo? esto es como ver la vida desde adentro de un espejo, y no me simpatiza mucho lo que veo. Así que mejor me voy a mi casa.
Pero algo me detuvo, una pequeña luz en el corredor, era algo como una luciérnaga, me acerqué y casi morí de la emoción. ¡Era un hada! Me pidió que la siguiera, y llegamos al baño del teatro, yo esperaba que en ese lugar "Campanita" me diera las respuestas que yo buscaba. En vez de eso abrió la puerta de una de las casetas y me dijo que entrara allí. Ya no me estaba gustando tanto el asunto, yo quería que ella me llevara de vuelta a mi mundo, y ella me llevaba a un baño, creo que no nos estabamos entendiendo.


III
Ahí me tenía, mirando mi reflejo en el agua del excusado. De pronto no aguanté más y estallé en llanto. ¿A quién quiero engañar? yo sé que soy un pobre perdedor. Siempre quise ser escritor, nunca funcionó y terminé trabajando en un banco. Estaba claro de que el psicólogo tenía razón, no soy más que el típico hombre moderno. Ya no debía seguir buscando, la respuesta estaba dada. Miré por última vez mi reflejo en el inodoro y, armándome de valor regresé a observar la obra. Ya no veía las cosas del mismo modo. Los actores eran como la gente del público, pero representaban personajes, los únicos controlados ahora. Hubo uno de los personajes que me llamó la atención, el "principito", me recordó a mí. Pero no, yo soy un hombre de 32 años, que tiene mucho más que una flor, y que en este momento necesita una cerveza.
Intenté levantarme de mi puesto, pero no lo conseguí, era como si estuviera pegado al asiento, una voz interna me decía que debía poner atención a lo que los personajes decían. Pero la obra había terminado, sonaban los aplausos y en ellos escuché un mensaje:
"es aquel lugar, que tus ojos abrió, el mismo que un día me encegeció"
Claro, cómo no lo había pensado. Corrí al baño, atestado de gente. Entré a la casilla y miré el agua; estaba brillando. Con un poco de miedo introduje mi mano y saqué a "campanita" de ahí, traía una llave muy grande. La cogí, y leí un mensaje grabada en ella. "Es la llave de tu corazón"
Sin dudarlo, la clavé en mi pecho con fuerza. Sólo sentí un pequeño pinchazo, y algo escurrir por mi pecho.
IV
Abrí mis ojos y había una bella dama mirándome. ¡Rolando! gritó entre lágrimas, yo confundido aún recibí su abrazo, recordando el dolor de mi pecho. Una cicatriz mostraba la anterior presencia de una flecha. De pronto sentí el estruendo del cuerno, era la señal de peligro. Como pude tomé a mi compañera en mis brazos y la llevé a refugiarnos al túnel de la fortaleza, era una suerte que mi padre los hubiese enviado a construir, los romanos nunca descubrirían su existencia.
En el cuello de Adela mi dama, colgaba reluciente una llave dorada teñida de rojo, la tomé y la situé junto a mi cicatriz, y como si fueran piezas de un rompecabezas, se unieron en una.
V
Desperté luego en varios otros lugares, pero a cada cerrar de ojos aparecía en otro sitio. La situación me mareaba, pero en un momento se estabilizó. Estaba en un hospital, la gente aullaba de dolor, y yo sin saber a dónde iba, caminé sin rumbo. Atravesé calles y caminos, la lluvia caía sobre mí, hasta que llegué a una mansión, rejas y puertas se abrieron con mi presencia, y en su interior encontré a un anciano frente a un computador. Lo miré sin reconocer nada en él, pero él muy asombrado, casi aterrado intentó huir, pero sus manos no dejaban de teclear, palabras y más palabras, que nada me decían.
- Tu no puedes estar aquí, eso es imposible.
- No entiendo nada, ¿sería tan amable de explicarme?
- No creo que exista explicación, ni creo que deba dársela a un simple personajucho que inventé en mi juventud, nunca supe que quería que fueras, así que te dejé inconcluso en la carpeta "LOSERS", ahí estabas muy bien y ahí debiste haberte quedado.
- ¿Una carpeta? ¿Soy un archivo de computadora?
- Eras un archivo, porque yo ya no te quería y decidí borrarte. Maldita la hora en que se le metió un virus a esta máquina, el famoso "maravilla" atacó todos mis documentos, y si no lo freno, todos mis personajes se liberaran, y andarán libres por el mundo.
- Genial! por fin existiremos de verdad!
- Tú no lo entiendes, nunca existieron, yo los manejaba, y ahora están fuera de control, tu no sabes qué hacer por ti mismo, ni siquiera tienes instinto, y lo peor es que nunca te terminé, no tienes personalidad, no eres, fuiste mi mayor fracaso.
- Lo sé, lo vi en mi reflejo, en mis ojos vacíos, pero no permitiré que me trate así, aunque no lo crea yo siento, y ahora estoy aquí hablándole, y no es usted quien escribió este guión, no lo puede haber hecho, no se puede haber convertido en un personaje de su propia obra, y se lo demostraré con esta llave que no sé por qué siempre llevo conmigo.
- Ja! sabría que esto ocurriría tarde o temprano, hazlo, pero aunque no me creas, aún tengo control sobre ti, mas que mal, yo te cree, y saliste de mi imaginación.
- Basta de palabras!
Sin saber qué, ni por qué lo hacía, le clavé la llave en el pecho, y todo comenzó a desaparecer.
Cada gota de sangre que caía era algo que desaparecía, y cada latido de su corazón latía más y más lejano. El último sonó como un gran portazo. Mi puerta al fín se cerraba, el tiempo se acabó.
Lo único que había al lado del cadáver del Hombre hallado en las afueras de la ciudad era una llave, que tenía grabada la palabra "Maravilla".

lunes, junio 26, 2006

Bosquejo mental

- ¿Tú no te ibas hoy? pregunté irritada
- El vuelo se atrasó, no pensé encontrarte. ¿Qué haces aquí?
- Sólo pienso. Llevo tanto tiempo pensando así- le respondí sin voltearme a mirarlo, sentí que si lo hacía, todo se estropearía.
- ¿Y así como?
Sentí que su voz temblaba, era como si dudara al hablar, quizás nunca habíamos tenido una conversación tan larga como la de ahora, y yo pensaba que con una sola palabra todo acabaría sin siquiera haber comenzado. Pensé mucho que contestarle, y pareció no incomodarle el silencio, esperaba con una paciencia desconocida para mí. Por fín me animé y dije:
- No lo sé. Las cosas no son muy claras ultimamente, he pensado demasiado en aquello que pasó, o mejor dicho, que nunca pasó. Yo estaba dispuesta a dejarme conquistar, pero, a pesar de todo lo que juntos pasamos nada ocurrió. Creí que lo había superado, pero al ver su rostro y sus ojos observándome recordé todo aquello y desde entonces mi corazón no sabe si latir o detenerse.
En ese momento me detuve. Él no se veía bien, supongo que era así, pues todavía no me volteba a verlo, pero pude sentir como se sentó, dejando parte de su espalda apoyada en la mía. Tomé aire y proseguí, pues él estaba dispuesto a escucharme.
- Creí que todo habían sido rollos míos y decidí buscar a alguien, y cuando por fín creí que lo encontraba, otra vez apareció él. Con sólo dos palabras puso mi mundo de cabezas. Nunca creí que un mensaje de texto cambiaría mi manera de sentir tan abruptamente. Las palabras que esperaba escuchar hace tanto tiempo, al leerlas ponían mi mundo de cabeza.
Sentí que se movió ligeramente y respiró profundamente, me dió la idea de que quería decir algo, asi es que me apresuré a hablar. Pero sus palabras les ganaron a las mías, sonando un duro ¿Qué pasó?
- Nada. Maldita la hora que decidí hablar con él con respecto a ese tema. Era mucho más fácil lanzarme a sus brazos y ya. Pero a mí, la muy tonta se me ocurrió buscar palabras, palabras que me confundieron, me enredaron, me llevaron por un camino equivocado.
-Tú sabes que no eres tonta.
- Oh sí- dije irónicamente.
- Es cierto que las palabras a veces nos confunden, pero estoy seguro que algún día todo se aclarará.
- Sólo si él sabe leer entre líneas.
- No lo entiendo- dijo apenado.
- Ay, es que te pasas para ser bruto tú, si no entiendes esto es porque no entiendes, ni nunca entendiste nada.
Me paré, y decididamente me dirigí a la salida del parque. En eso escuché sus pasos y la alarma de su reloj.
- Creo que se te hará tarde para tu viaje- Agregué con la idea de alejarlo de mí.
- Parece que la que no ha entendido nada eres tú, y a pesar de haberme llamado bruto te doy una segunda oportunidad.
- No se a qué te refieres- dije aún dándole la espalda.
- ¿Por qué tienes miedo de mirarme?
- ¿Miedo? ¿Por qué tendría que tener miedo?
- No lo sé, dimelo tú.
En ese momento sentí su mano en mi hombro, él lo había comprendido todo.
-Pero ya es demasiado tarde- dije mientras rodaba por mi mejilla una lágrima.
-Eso sí, pero quiero que sepas que nunca olvidaré este momento, ni a tí. Pero no quiero verte llorar.
-Entonces vete.
-Si es lo que quieres, está bien.
Se dió la media vuelta y caminó, cuando ya estaba segura de que él estuviese lejos me di la media vuelta, y vi, que en el lugar donde conversabamos había una canastilla. Me acerqué y en su interior había un pequeño osito de peluche, entre sus brazos tenía una carta. La tomé. Tenía mi nombre, así es que no dudé en abrirla. Comenzé a leer, con los ojos aún inundados de lágrimas.

Rosario: Ni te imaginas lo difícil que resulta para mí escribirte esta carta, y mucho menos lo que me cuesta decirte adios, y es que en este momento yo ya debo estar lejos de tí. Quería contarte que te mentí con respecto a mi viaje a los Estados Unidos, no me ofrecieron un trabajo ahí, en realidad voy a tratarme un tumor que me detectaron, perdóname que te lo haya ocultado pero temí que sintieras lástima de mí. Siempre recordaré aquellas cosas que vivimos juntos, incluso todas nuestras tontas discusiones, que para mí eran una muestra de tu cariño. Y aunque nunca sabré si lo que sentías por mí era como lo que yo siento por tí, no pierdo nada con decirte que te amo, y que espero recuperarme pronto para volver y conquistarte.
Te ama.
Francisco.
Y aunque salí corriendo hacia donde él iba, nunca lo encontré. La próxima vez que supe de él fue por Ricardo, un amigo que me entregó una carta, como 6 meses después de su viaje a Estados Unidos.
Rosario: No sé cuanto más soportaré esto, el médico me prohibió todo tipo de movimiento, así es que esta carta la escribe la enfermera, por eso quizás no reconozcas mi letra. Quisiera escribir esto de puño y letra, pero ya no hay tiempo. Me dolió mucho dejarte aquel día en el parque, sólo ese día comprendí que tú también me querías, pero como tú lo dijiste, ya era demasiado tarde. Yo ya no te podía ofrecer nada, los doctores ya me habían dado fecha de muerte, lo único que lamento es no haber logrado robar ni un beso de tus labios. Espero que encuentres a alguien y logres ser feliz, yo te prometo que si voy al cielo te estaré cuidando desde allí. Nunca olvides que existió alguien que te amó más que a su propia vida.
Nos Vemos en otra vida.
Francisco

Que triste que sonaban estas palabras en mi mente ahora, el día de su funeral. Y yo que no me atreví a decirle que lo amaba, que tonta que soy, aunque él luchara en convencerme de lo contrario.